Arreglos Florales

Case study

Las fronteras de un mundo poético: los cielos y las flores / Fragmento texto Mariana Robles. Córdoba, 2008 Un viajero contemporáneo es quizás un decodificador de representaciones establecidas, que puede ordenar en una unidad de lo real, componentes de mundos diversos. En este sentido, la herencia romántica en el surrealismo podría ser la transfiguración del viaje en collage, una técnica o dispositivo de transposición de órdenes disímiles para generar una imagen en movimiento. En las pinturas arquetípicas del romanticismo, la inmensidad de los cielos, la omnipotencia de las montañas, en contraposición a la intemperie de los hombres y el poder fastuoso del mar, se configuran en torno a una tensión entre lo natural y lo artificial. En las obras de Julia Romano la inmensidad se mantiene, pero siendo desde su origen paisaje, en ellas el poder de lo impredecible se somete al artilugio de las flores silvestres o de los pájaros pequeños que logran configurar la imagen a una escala humana. Es como si miráramos el cielo a través de la óptica diminuta de una flor roja y transparente, encontrada al costado de una ruta o como si al contemplar un pájaro sobre la rama de un ciruelo, con un ojo cerrado, su proyección sobre el horizonte impregnara todo el aire. La potencia del ornamento subyace en la afirmación de una visión que se manifiesta irreductible a una norma fuera de sí misma. Así, Romano impone al cielo orbes florales que su imaginación prescribe y diseña como una exploradora de lo frágil y de lo mudable. La fotografía en su obra es sólo un fragmento, porque la representación producto de una operación mecánica es, justamente, la dimensión que estos paisajes ponen en cuestión. Aparecen entonces, modelos tentativos propiciados por su forma de ver, por el uso particular que la artista hace de la mirada y no así de un supuesto realista acerca de la naturaleza. El cielo, lejos de ser en sí mismo un afuera inmóvil y estático, se presenta como una sugerente pantalla vital para la interacción con el sujeto de la contemplación, que en una réplica lúdica proyecta sus fantasías. Sus paisajes son jardines particulares iniciados en la frontera de una flor y una medida poética del mundo. Cada nueva intervención con su mirada se convierte en el rastro de un diario de viaje, que se dibuja mentalmente en sintonía con las observaciones de un afuera muy cercano, tan cercano que no se distingue de las siluetas derramadas. Las montañas, el cielo o un río son el cuerpo, soporte, para acciones subjetivas, que a su vez modifican la estereotipia o patrón cultural de la idea de paisaje. El jardín es la frontera de un mundo que se configura en la explosión de lo bello en una flor y que a su vez puede, osadamente, convertirse en el patrón sin fin de una ciencia rococó, que adora las voluptuosas curvas de los pétalos y en ellas el éxodo de este viaje.

Arreglos Florales - Guarda / 2006 / fotografía y collage digital / 80 x 80 cm

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